miércoles, 30 de junio de 2010
BILBAO (I) del 03.11.09 Lo escribí después de mis dos primeras noches con Susan en Madrid (la belleza es sólo mía)
Bilbao llegó como amazona sobre mi montura. Y yo sentí sus muslos desesperados por la carrera. Antígona escapada de su tragedia frente a la puerta de Alcalá. No saldrás viva de la casa de Bernarda Alba. Frente a mí se multiplicaban los espejos. Yo huí en la espesura de tu bosque donde perdí el hilo de Ariadna para siempre. No estabas sola, Alejandra. Hubo otras y habría otras después de ti. No llegaron a tiempo. Ninguna. Tampoco yo. Cuando te supe ya te habías ido con la benevolencia de las pastillas que nos acompañan a todas. Oh, mi Susan, montada sobre mí, jadeando. No por gritar más alto se escuchan tus gritos. No existe un a-priori que nos recoja. Nacimos defectuosas. No encajamos en el puzzle. Tus tetas, diminutas, en el borde mismo de la no-existencia me miraban desde lo alto. Tu sonrisa -espléndida. Como si no pasara nada. Podremos retroceder los relojes veinte años y encontrarnos en la puerta de Brandenburgo el día de la caída del muro. Podremos -pregunto. Acontecimiento falaz. Mientras caían las piedras miles de muros, millones de muros, surgieron por todas partes. Una inmensa llanura llena de muros invisibles es ahora el escenario. Qué felices tiempos. Melancolía por la guerra fría. Cabalgas desesperada hacia ninguna meta. Nunca estaremos satisfechas. Por más que crucemos la línea prohibida. Mi Susan sobre mí. Excavando mi subsuelo. Arrancas el orgasmo desde el fondo de mi abismo, lo empujas hacia afuera, explota. Oh, mi Susan, conduce el descapotable hacia el Gran Cañón. Sigue. No pares. Destrózame. Fóllame. Cógeme. Acaso no puedes más. Huyamos juntas. Aparquemos a Lacan y comamos hamburguesas. La primavera. Repeat mil veces. Vivaldi asesinado con un golpe seco al hilo musical. Total estamos en otoño. Y no aceptamos esperanzas vanas. Mastercard te lleva a todas partes, te cambia de estación. Qué enfermas estamos. Tratando de mitigar un dolor inaprehensible, ubicuo, de naturaleza desconocida, de origen esquivo, con este combate cuerpo a cuerpo. Nos bebemos el placer con una mueca de amargura. Un golpe de dados nunca cambiará nuestro destino. Recorreremos el camino hasta el final. Y nos despediremos de la vida como quien se despide de la muerte.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

